Carta a la Tierra

 08/04/19

San Luis Potosí, S.L.P.

Para: la madre tierra

Hola esperamos que se encuentre en perfecto estado aunque sabemos que no es así por culpa de nosotros.

Nos dirigimos a usted con la finalidad de pedirle mil disculpas por lo que hemos hecho ¿Qué hemos hecho? Bueno hemos contaminado por durante muchos años su vida; nosotros no estamos apreciando todo lo que usted nos brinda y aún más porque nosotros  vivimos, comemos, respiramos, trabajamos y podemos hacer cualquier actividad gracias a usted.

En fin, prometemos que vamos a cuidar su vida y hogar; gracias por dejarnos vivir en usted. Adiós.

Daphne Aguilera Martinez

Diana Karol Hernández Rivera

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El reto de Pamela y sus tres amigos

Instrucciones:

Después de leer cuidadosamente el reto de pamela, realiza un escrito de cómo vas dando solución al problema presentado en el que expliques paso a paso como lo resolviste.

Pamela y sus tres amigos se van a reunir el sábado en la noche para cenar. Cada uno hará un platillo (Rodríguez, también). Determina el nombre completo de cada uno de los invitados, así como el tipo de comida que preparará (uno de ellos cocinará ravioles).

  1. Fernando no llevará estofado
  2. Como la señorita Barrios está a dieta le dijo a Vargas que solo podrá comer el platillo que ella misma preparara
  3. Tina le pidió a la persona que preparará la ensalada que le hiciera de vegetales crudos porque le encantan.
  4. Diego y Ríos piensan que como la chica que va a cocinar el estofado es muy delgada será la única que podrá disfrutar de todos los platillos.
  5. Rodríguez, que hará el pastel, le preguntó a Fernando y a Tina de que sabor lo preferían

 

                Nombre                  Apellido                   Platillo
Fernando Ríos Ravioles
Diego Rodríguez Pastel
Tina Vargas Estofado
Pamela Barrios ensalada

 

  1. Primero descubrí los nombres
  2. Después los apellidos de los integrantes
  • Y luego descubrí que hay dos mujeres, una es vegetariana y la otra muy delgada y ahí pude resolver sobre los platillos

Nocturno a Rosario

I

¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

  II

Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos día
s
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

 III

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

 V

A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Qué quieres tu que yo haga
con este corazón?

 VI

Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar…

  VII

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

  VIII

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no mas por ti.

IX

¡Bien sabe Dios que ese era
mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X

Esa era mi esperanza…
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!

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Manuel Acuña

Manuel Acuña Narro, realizó sus primeros estudios en su ciudad natal Saltillo en el Colegio Josefino. Viajó posteriormente a la Ciudad de México para cursar filosofía y matemáticas, además de varios idiomas, como el francés y el latín, con objeto de ingresar a estudiar la carrera de medicina, en donde se inscribió en 1866, carrera que se vio truncada por el término de su vida a los 24 años.​ Durante sus años de participación en tertulias literarias, conoció a Manuel Altamirano, a Agustín F. Cuenca y a Juan de Dios Peza. Con este último mantuvo un fuerte vínculo amistoso, inclusive el llamarlo hermano, motivo por el cual Peza fue uno de los oradores principales el día del sepelio de Acuña.

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